
Fotografías del archivo del Ice Palace · aportadas al Archivo CMTK · Testimonios del episodio «Discoteca Ice Palace y su sistema de sonido» (La Historia del Refuerzo Sonoro en Venezuela)
◆ Discoteca · Discotecas Legendarias
Ice Palace
El sonido más grande de Caracas, en un sótano de Altamira
Abrió la medianoche del 22 de diciembre de 1980 en el sótano del centro comercial de Altamira y se convirtió en la discoteca gay más famosa de Venezuela; su fama la hizo el sonido: 78 cornetas y 28 amplificadores diseñados por Carlos Delgado.
De un bar en Sabana Grande a un sótano en Altamira
La historia la cuenta su propietario, Juan «Antoine» Clemente. A finales de los sesenta recorría todas las discotecas de Caracas, y de esas noches le quedó una ambición: abrir la suya. En 1970 compró un bar pequeño con pista de baile en Sabana Grande —se llamaba Anex, frente al célebre Café Edén, bajando hacia Casanova— y le instaló un equipo que, admite, no tenía nada de particular. Fue su comienzo. Lo cerró cuando empezaron las obras del Metro de Caracas.
Después compró un local en el centro comercial de Bello Campo y lo llamó Le Set —Le 7—. Abrió en 1975 y estuvo cuatro años; se puso de moda entre la gente de televisión y los artistas, en buena medida porque traía la música directamente de Nueva York y la estrenaba antes que nadie: iban a escucharla hasta desde la radio.
El siguiente paso fue una cervecería grande llamada Carrusel, propiedad de un francés, en el edificio de Altamira donde hoy funciona el Teatro Altamira. Tenía el espacio que él quería. La compró, la mandó desmontar entera y se puso a construir su discoteca.
El nombre vino de Nueva York
Por esos años había abierto en Nueva York un club llamado Ice Palace, y Antoine viajó a verlo. Funcionaba en un sótano — y el suyo también iba a estar en un sótano. El nombre le calzó perfecto y se lo trajo.
El original neoyorquino era el Ice Palace 57, en el número 57 oeste de la calle 57, que funcionó entre 1977 y 1985 y fue uno de los clubes gay más concurridos de Manhattan. Es el club del que salió el nombre; todo lo demás —el local, el sonido y la historia que sigue— es de Caracas.
El trato que hizo posible el sonido
Antoine quería un sistema grande, a la medida del local, y no tenía cómo pagarlo. Se lo dijo así a Carlos Delgado, director de la tienda Sound Power: «necesito montar un sonido, pero no tengo el dinero para pagártelo como lo quiero». La respuesta de Delgado decidió el resto: «me gusta mucho el sitio que estás preparando. Te ofrezco montarte el sonido, pero tienes que dejarme hacer el que yo quiero. Cuando abras y empieces a trabajar, me vas pagando».
Delgado ya se había ganado a Antoine antes. Sound Power había traído a Venezuela el sistema Cerwin Vega y los primeros subwoofers del país, y la voz corrió. Un vendedor llamado Dante Tulipano —el mismo nombre que consta como fundador de la miniteca Explosión en este Archivo— los puso en contacto con Rafael López, coreógrafo del Canal 2 y dueño de la discoteca Crazy del centro comercial Bello Campo, a quien se le había quemado el equipo en días. López oyó la demostración y pidió el sistema montado esa misma tarde. Al día siguiente, el discjockey del Crazy los llevó al local de enfrente: Le 7, el de Antoine, que quemaba cornetas cada semana. Delgado montó allí un juego de columnas reforzado y Antoine le puso el ultimátum: «si se quema este fin de semana, me voy a Estados Unidos a traer un técnico». No se quemó. «De inmediato me lo gané», recuerda Delgado.
22 de diciembre de 1980: la noche de la inauguración
Antoine pasó un año arreglando el local. La noche del 22 de diciembre de 1980, a las ocho, todavía estaban colocando la alfombra y la gente ya hacía cola afuera. Hubo barra libre de ocho de la noche a una de la madrugada, y a medianoche se inauguró el Ice Palace.
Cuando encendieron el sistema, minutos antes de las doce, el discjockey puso «Lay All Your Love On Me», de ABBA. «Se me puso la piel de gallina», cuenta Antoine. «Pasamos de cero a cien en una sola noche: de ser un desconocido a ser el más… en una noche.» El local salió en los periódicos y en la radio. Vino gente de Curazao, de Aruba, de Argentina y hasta de Nueva York a oírlo.
Nota de discrepancia: Antoine fecha la inauguración el 22 de diciembre; el discjockey Frank Escalona, en el mismo episodio, la sitúa el 23. Se hacen constar las dos.
Cómo sonaba: el equipo, pieza por pieza
El montaje original se concibió para alta fidelidad pero con más potencia y un carácter agresivo. La amplificación era Audire Crescendo, unos equipos que no se vendían en tienda: se mandaban a hacer. Eran amplificadores de banda ancha —en teoría hasta dos megahercios, un disparate para un sistema de sonido, cuyo sentido era que si reproducen dos millones de ciclos por segundo, los veinte mil que oye el oído son un juego—, con estructura de aluminio, especificación militar MIL-SPEC, 96.000 microfaradios por canal de fuente, dos transformadores y transistores dorados. «Estaba hecho para durar», resume Delgado.
En las cuatro esquinas iban los Stroker de Cerwin Vega; había cabinas L36, medios en cabinas dobles con doble driver de medio-grave, woofers de doce pulgadas en las torres, cornetas de dos pulgadas y de una, y los Gauss de boca ancha.
El sonido trajo su propio problema: en el piso diez del edificio vivía el conserje, que no podía dormir por la vibración de los graves y lo denunció. Para resolverlo, Delgado retiró los Stroker y los sustituyó por bajos de dieciocho pulgadas. Y como en el mismo edificio había un cine con función hasta las once, la música no podía arrancar antes: si empezaban a las diez, contra la pared medianera se oía el golpe seco del bombo.
1987: la insonorización y el sistema más grande
En 1987 el local se remodeló. Los ingenieros que habían hecho la insonorización del Metro de Caracas convencieron a la casa de que un trabajo acústico acabaría con el problema del vecindario. Se desmontó todo y, sobre la tubería, se colocaron diez centímetros en capas alternas de fibra de vidrio y fibra de plomo, y encima madera y alfombra. «Quedó como un estudio de grabación; la acústica era increíble, un cuarto seco donde casi no se oía nada», recuerda el técnico Ernesto Padrón.
Con la sala sorda, Antoine le pidió a Delgado lo que faltaba: «quiero aquí el sistema de sonido más grande de Latinoamérica». Cuando el técnico fue a llevarle el presupuesto, la respuesta fue «no me des presupuesto, ya te dije que quiero mejor equipo». Carta blanca.
El resultado fueron 78 cornetas —bajos, medio-graves, medio-altos y agudos— y 28 amplificadores, con crossover electrónico y ecualización completa: 22.500 vatios RMS sumados. Nunca se usaron: el sistema se calibró para una velocidad de crucero de ocho a diez mil vatios, de modo que pudiera trabajar a media capacidad las veinticuatro horas sin forzar un solo componente. Con el discjockey en cero decibelios en consola, el sistema iba cómodo a seis o diez por debajo. «Sonaba durísimo y no distorsionaba», dice Delgado; «era como un carro capaz de trescientos kilómetros por hora, andando a ciento cincuenta».
- · 18 subwoofers de 18 pulgadas: 6 en cabinas L36 repartidas en dos torres a la entrada y 12 en la torre del fondo, en una cabina que Carlos Delgado diseñó y bautizó FHDS.
- · 8 medio-graves de 12 pulgadas en la torre del fondo y cuatro de 15 pulgadas en las torres de entrada.
- · Cornetas Gauss de 2 pulgadas y Renkus-Heinz de 1 pulgada.
- · 8 tweeters Gauss en el fondo y otros 8 en las torres de entrada.
Sound Power, la casa detrás del sonido
La tienda Sound Power, de Carlos y José Delgado, fue la que trajo a Venezuela buena parte del equipamiento que definió el sonido de la noche caraqueña: Cerwin Vega, Audire, DOD, Renkus-Heinz, Gauss, Soundtracs, D&R, RANE y Audiologic, entre otras marcas.
Su técnico Ernesto Padrón cuenta cómo entró: lo contrataron como vendedor y, a la semana, explicándole a un cliente qué era un crossover, lo oyó Carlos Delgado y le hizo allí mismo un examen —ecualizador, tercios de banda, taladro, pinzas, soldadura, electricidad, carro propio, disposición a viajar—. Al día siguiente era técnico. Bajo la supervisión de Ricardo Herrera hacía la ronda de los locales que Sound Power atendía: Zig Zag, el propio Palace, Pigmalión en Las Mercedes, Gran Señor en El Paraíso, Le Fortín cerca de Puente Hierro y A Mi Manera en Las Mercedes.
Aclaración para no confundir dos registros de este Archivo: esta Sound Power es la tienda de audio profesional de los hermanos Delgado; la miniteca Sound Power que figura en el portafolio de Minitecas es otra cosa. No se unifican sin confirmación.
La cabina: Frank Escalona y los que siguieron
Frank Escalona venía de rodar por la noche caraqueña: seis meses en Beautiful Night —antes Leopardo, donde trabajaba Johnny Ferreira—, otros seis en Le Barón y luego Studio 84, justo enfrente de Le 7. En enero, con el Ice Palace recién abierto, Bernardo —relacionista de Antoine— lo llamó a hacer una prueba. Ya había estado en el local esos primeros días: «cuando entré al Ice Palace, ese sonido me impactó; sinceramente, nadie en este país tenía un sonido tan potente».
Aquella noche había varios colegas esperando turno, entre ellos Oscar Hernández —con ficha propia en este Archivo—. A Escalona lo mandaron a la cabina cerca de las once. Salió a las seis de la mañana. Antoine lo esperaba en la puerta: «¿y cuándo vienes a trabajar? Ya eres el discjockey de aquí». «Llegué a donde quería llegar», dice: «el sitio con el mejor sonido y la mejor música».
Su método era la renovación constante: compraba entre treinta y setenta discos al mes —a Armando «Culebra» y a Oscar Hernández sobre todo, y también en La Media Nota y Total Music, de Marco y Tony Palmieri—, se los escuchaba de una vez y los dosificaba en tandas de quince días. «Cuando ponía el primer disco, la gente ya sabía que tenía música nueva.»
Hacia 1987 Escalona dejó la empresa de Antoine y el club cerró para la remodelación. Al reabrir pasó por la cabina César Ortega, y tras su salida entró Edward Varela —músico desde niño, formado en El Bosque, Reflection y Sunshine, que consideraba a Escalona su mentor—, quien trabajó allí casi todo 1988 y siguió después en Tiffany's.
La puerta, el público y las visitas
El Ice Palace fue un club de socios, y su filtro era la puerta. Antonio Ugas, el portero, lo explica sin rodeos: era el encargado de que el local funcionara, cumpliendo los parámetros que le había fijado Antoine sobre el tipo de clientela. Cuando un socio quería entrar con alguien que no lo era, se le advertía que quedaba como responsable: si el invitado daba problemas, se suspendía la membresía del socio. Con ochocientas o mil personas adentro nunca hizo falta seguridad. Los días fuertes eran lunes, miércoles y viernes.
El ambiente era mixto y de mente abierta. «Aunque el Ice Palace no era enteramente gay», precisa Escalona, «era un sitio de gente de mente abierta»; en la barra podía tocarte al lado cualquier celebridad y todo el mundo respetaba su sitio. «Era como una familia.»
Al lado estaba el restaurante El Padrino, de los dueños de Venevisión: los artistas extranjeros que pasaban por el canal cenaban allí y salían derecho a la discoteca. Por el club pasaron Freddie Mercury, Olivia Newton-John, Richard Clayderman, Miguel Bosé, Celia Cruz, Sarita Montiel, Bibi Andersen, Locomía —después de su visita la gente llegaba disfrazada como ellos—, la española Rebeca, que presentó allí «Duro de Pelar», y Marita Capote y Tatiana. Los carnavales, con concurso de disfraces, se recuerdan como los mejores de Caracas: llegaba gente de teatro y televisión con trajes imposibles.
Del volumen quedó una anécdota que resume todo: cerca de las cornetas, a la gente se le agrietaba el cristal del reloj.
1996: Tiffany's
El Ice Palace cerró en 1996 para dar paso a un club nuevo en el mismo local: Tiffany's Club, con otra decoración y otro mobiliario. El sonido también cambió de piel: los tweeters Gauss se sustituyeron por Beyma CP 22 y los woofers Cerwin Vega de dieciocho pulgadas por Beyma 18G40, y se reubicaron los subwoofers. Llegaron las luces de los noventa, en relevo de las mecánicas de los ochenta, y una consola con reproductor de CD. Por la cabina pasaron varios mezcladores —Audioarts, Gemini, uno de D&R— y un Biamp 7200 que su discjockey recuerda como el mejor que tuvo.
Antoine cierra su relato repartiendo el mérito: «el verdadero crédito del origen del Ice Palace es de Carlos Delgado». Y Delgado devuelve la definición del sitio: «era alta fidelidad, pero agresivo; la idea era que la gente sintiera el impacto y el cuerpo reaccionara, porque no era un lugar para ir a conversar: era un lugar para ir a bailar».
Redes
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Créditos y fuentes
- · Testimonios de Juan «Antoine» Clemente (propietario), Carlos Delgado (director de Sound Power), Francisco «Frank» Escalona (discjockey), Ernesto Padrón (técnico de Sound Power), Edward Varela (discjockey de Ice Palace y Tiffany's), Omer Bretón y Antonio Ugas (portero), recogidos en el episodio «Discoteca Ice Palace y su sistema de sonido» del canal La Historia del Refuerzo Sonoro en Venezuela (@lahistoriadelrefuerzosonor1061), verificado por oEmbed. Colaboraron además José Delgado, Tomy Hormin, Benigno Pascual y Gilberto Montani. Transcripción del episodio traducida al español para este artículo; las citas entrecomilladas son suyas.
- · El Ice Palace 57 de Nueva York —57 oeste de la calle 57, activo entre 1977 y 1985, fundado por los hermanos Joffe— del que Antoine Clemente tomó el nombre: reseñas de historia LGBTQ de la noche neoyorquina. Consultadas el 1 de agosto de 2026.
- · Fotografías del archivo del club aportadas al Archivo CMTK: la cabina, Frank Escalona, la presentación de Rebeca, Carlos y José Delgado, y el ambiente del salón.
- · Cruces internos de este Archivo: Dante Tulipano (fundador de la miniteca Explosión), Oscar Hernández (colección «Un Mixshow, Un Nombre»), Antonio Ugas (colección «Figuras Ocultas») y las fichas de Studio 84, Le Barón, El Bosque, Reflection, Sunshine y City Hall.
- · Discrepancia documentada: la fecha de inauguración —22 de diciembre de 1980 según el propietario, 23 de diciembre según el discjockey Frank Escalona—. No se unifica.
- · En verificación documental: la dirección exacta del local, el aforo, los años de Omer Bretón en el club y la relación —si la hubo— entre la tienda Sound Power y la miniteca del mismo nombre.
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Cuéntanos y ayuda a mejorar este artículoFuente consultada el 1 de agosto de 2026
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