
Fotografías de archivo del City Hall Discotheque · aportadas al Archivo CMTK
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City Hall Discotheque
Un Ícono de la Era Dorada
Un ícono de la era dorada de las discotecas en Venezuela — inaugurada en 1979 en el C.C.C.T. de Caracas.
Los orígenes
Inaugurada en 1979 dentro del Centro Ciudad Comercial Tamanaco (C.C.C.T.), City Hall Discotheque se posicionó como una de las primeras salas en Venezuela con instalaciones modernas, amplios espacios totalmente iluminados y un planteamiento técnico sin precedentes. Desde sus primeras noches se convirtió en referente de la vida nocturna caraqueña y en punto de encuentro de tendencias, estilos y nuevas formas de expresión.
La idea vino de un viaje. Juan Fernández estaba de vacaciones en Nueva York y conoció el Studio 54 —el club de Broadway que entre 1977 y 1980 concentró el glamour de la fiebre disco—. A las cinco de la mañana llamó a Caracas: iban a montar una gran discoteca al estilo del Studio 54, y había que hablar con el dueño del centro comercial para que reservara el local. Eran 1.400 metros cuadrados en el C.C.C.T., con aforo para 1.200 personas.
Del otro lado del teléfono estaba su primo Guillermo Fernández, que había llegado a Venezuela en 1975 invitado por él y por su hermano Francisco para trabajar en Reflections, la discoteca de Plaza Venezuela —con ficha propia en esta colección—, y que entonces estaba en el club privado Seasons. «Aquí se toca mucha lenta, mucha salsa, mucho disco, todo variado», le dijo Juan; «y aquello es todo disco, rock, música toda la noche. Yo quiero cambiar eso». Con el arquitecto ya contratado, empezaron a averiguar una sola cosa: quién había hecho el sonido del Studio 54.
- · Ubicación: C.C.C.T., Caracas, Venezuela.
- · Inauguración: 1979.
- · Géneros predominantes: disco, funk, pop y éxitos de radio.
Diseño, ambiente y sonido
City Hall destacó por su sistema de sonido de alta potencia concebido por el diseñador estadounidense Richard Long, el mismo ingeniero detrás de los sistemas de Studio 54 y Paradise Garage en Nueva York. Para su época, el montaje de City Hall fue considerado uno de los más avanzados de la región y contó con la que se recordaría como la consola de sonido más grande de Latinoamérica en ese momento. La combinación de diseño moderno, iluminación profusa y una acústica muy trabajada marcó pauta entre las discotecas caraqueñas.
Consiguieron el nombre y lo ubicaron en Nueva York. Long viajó a Caracas a ver la obra en construcción y presentó su presupuesto: 180.000 dólares, cuando una discoteca normal de entonces costaba entre diez y veinticinco mil. «El sonido va de acuerdo al espacio», resume Guillermo Fernández; y aquí se hablaba de mil doscientas personas.
Long trabajaba con equipos propios que reunían lo mejor de cada marca, y adaptaba el sistema a la arquitectura de cada sala. Se importó todo, incluida la madera especial de las cornetas, traída de Rusia; hizo falta traer también al carpintero para armar en Caracas las cajas de los bajos. El montaje le tomó de quince a veinte días. Y no terminó ahí: volvía a Caracas cada tres o cuatro meses, con su instrumental, a ecualizar el sistema desde las nueve de la mañana hasta las ocho de la noche, dos días seguidos, con los viáticos pagados por la casa.
El retrato humano lo da el propio socio: «un señor con lentes, flaco, muy callado, muy introvertido. Tú querías entablar una conversación con él sobre sonido y no te daba pistas, no te daba explicaciones de nada. Él montaba todo maravilloso y te decía: está el equipo, y más nada».
El sello de Long era el grave: diseñó y fabricó una caja de bajos única, la Bertha —un gabinete de trompeta hiperbólica plegada con dos woofers de 18 pulgadas Eminence—, a la que añadió una extensión llamada Levan Horn para que las frecuencias más bajas se sintieran con el cuerpo antes que con el tímpano, además de sus sistemas Waldorf y Ultima para medios y bajos. En esencia, el mismo equipamiento —electrónica y altavoces— que sonaba en el Paradise Garage y en el Studio 54 fue el que se instaló en el City Hall.
La iluminación también vino de Nueva York: se contrató un equipo para sincronizar los cambios de luces con la música, y el técnico John Nathan viajó a Caracas a montarlo. Sumado todo, levantar el City Hall costó 1.800.000 dólares de finales de los setenta.
Cómo estaba montado el sonido
El discjockey fundador, Francisco «Paco» Lorenzo, describe el despliegue desde su puesto: cuatro torres de unos dos metros repartidas alrededor de la pista. A cada lado del display había una torre de metro y medio que era todo sub-bajo, y encima de ella otra torre con los bajos; enfrente, otras dos torres de dos metros, ya sin sub-bajos. Colgados, dos tweeters.
En la cabina trabajaba con tres tornamesas Technics 1500 y un mezclador Bozak, con el que podía irse al crossover y quitar todo el bajo o todo el sub-bajo a voluntad. A su lado, un luminotécnico operaba las luces en vivo.
De la noche de la prueba, dos días antes de abrir, le quedó una imagen: «se me pararon los pelos, de lo impresionante, de la nitidez del sonido. Era tan perfecto que te invitaba a salir de la silla y ponerte a bailar». Guillermo Fernández lo dice con las mismas palabras que usaría cualquiera que estuvo allí: «el sonido del City Hall fue algo que creo que no se vuelve a repetir».
14.000 bombillos: el fin del sitio oscuro
Antes del City Hall, entrar a una discoteca en Caracas era entrar a oscuras: un mesonero con linterna te llevaba hasta un sofá donde cabían dos personas de milagro, y el local existía sobre todo para crear intimidad. City Hall invirtió esa lógica. Abrió con catorce mil bombillos, completamente claro y abierto, y allí todo el mundo se veía.
El efecto fue inmediato en la manera de vestirse: las señoras llegaban con los trajes más caros, y algunas se cambiaban de ropa al llegar. «Era un lugar para ver y dejarse ver», resume Fernández. «City Hall cambió la vida nocturna en Venezuela: del lugar oscuro donde nadie se veía, a uno súper abierto y súper claro».
Música y programación
La cabina fue el corazón del club. La programación integraba éxitos internacionales y lo mejor del sonido local, con noches temáticas, estrenos y sesiones extensas a cargo de discjockeys residentes. En su apertura, City Hall recibió a figuras de talla mundial, destacando la presentación de Gloria Gaynor como invitada especial.
La noche inaugural tuvo un invitado que explica de dónde venía todo: Larry Levan, el discjockey residente del Paradise Garage de Nueva York, viajó a Caracas y estuvo cuatro días. «Estábamos él y yo; los dos inauguramos el local», recuerda Paco Lorenzo. El tema con el que se abrió fue «I Will Survive», de Gloria Gaynor — que poco después se presentaría allí como la primera artista de la casa.
Después pasaron Viola Wills, Tina Turner, Richard Clayderman, Raffaella Carrà y La Polaca, entre muchos otros; y las fotografías del archivo suman a Willie Colón en la tarima del club. Para los espectáculos siempre se traía un equipo de sonido aparte: el sistema de Richard Long estaba hecho exclusivamente para pinchar discos. Cuando en la presentación de Tina Turner quisieron usarlo para el show, no funcionó.
Público, estatus e influencia
City Hall fue un espacio exclusivista que simbolizó el auge social y económico de la época. Sus socios y asistentes consolidaron un estatus asociado al éxito y al estilo de vida nocturno de alto nivel. Más que un club, se convirtió en un referente cultural que definía tendencias en moda, música y entretenimiento para una generación caraqueña.
Las cifras dan la medida: colas de dos mil personas en la puerta y días en que llegaron a venderse doscientos carnets, porque el local era privado. Y una cita anual fija: después de cada Miss Venezuela, el cóctel de las reinas se celebraba allí. Por esa pista pasaron a celebrar Maritza Sayalero e Irene Sáez, entre otras.
Testimonios
Entre las voces que dan cuenta de su historia destacan Guillermo Fernández (socio propietario) y Francisco «Paco» Lorenzo (discjockey fundador y residente), quienes describen de primera mano el impacto del proyecto, la visión técnica y el papel de City Hall como epicentro de la noche capitalina.
De ellos viene también el cierre del círculo técnico: Richard Long murió años después, y cuando Carlos Almenar montó el Club New York New York —con ficha propia en esta colección— el diseñador ya no estaba. «Montó otro tipo de sonido, muy potente», recuerda Fernández, «pero no sé si tenía la verdadera nitidez que tenía este». Lo que sí quedó fue la marca: «a partir de ahí, todo el mundo en Caracas empezó a querer hacer lo mismo».
Transformaciones a través del tiempo
Con el paso de los años, el espacio evolucionó, adaptándose a las nuevas tendencias. Durante los años 80, City Hall cambió de nombre y concepto, pasando a llamarse Winners. Aunque mantuvo parte del espíritu original, ya la movida musical y el público habían cambiado. En los 90, el lugar se transformó nuevamente bajo los nombres Palladium y, brevemente, Pal's, sin alcanzar el éxito y la mística que caracterizaron a la era original.
Hoy en día, el antiguo espacio de City Hall alberga el Salón de Banquetes Galés y el Salón Windsor, testigos silenciosos de un pasado glorioso que marcó el pulso de la vida nocturna caraqueña durante más de una década.
El legado
El nombre City Hall permanece como sinónimo de diversión, glamour y noches memorables. Marcando una época en la vida nocturna de Caracas, su huella se mantiene viva en la memoria de quienes la frecuentaron y en la historia de las discotecas en Venezuela.
Línea de tiempo
- · 1979 — Inauguración en el C.C.C.T. con Gloria Gaynor como invitada especial.
- · Inicio de los 80 — Consolidación de la identidad musical y visual; auge de la programación.
- · Mediados de los 80 — Reapertura como Winners.
- · Transición a los 90 — Reapertura como Palladium y Pal's.
Créditos y fuentes
- · Testimonios de Guillermo Fernández (socio propietario) y Francisco «Paco» Lorenzo (discjockey fundador y residente).
- · Material audiovisual cortesía de La Historia del Refuerzo Sonoro en Venezuela (@lahistoriadelrefuerzosonor1061), en su canal de YouTube. El documental «Capítulo City Hall y su sistema de sonido» —de donde provienen los testimonios recogidos en este artículo— y su transcripción fueron aportados al Archivo CMTK y de ella salen las cifras (180.000 dólares del sistema, 1.800.000 del local, 1.400 m², aforo de 1.200, 14.000 bombillos, 200 carnets en un día), los nombres (Juan y Francisco Fernández, John Nathan, Larry Levan) y las citas entrecomilladas de este artículo.
- · Datos técnicos de los sistemas de Richard Long (caja de bajos Bertha con dos woofers Eminence de 18 pulgadas, extensión Levan Horn, sistemas Waldorf y Ultima) y su instalación en Paradise Garage y Studio 54: narración del mismo documental.
- · Fotografías de archivo del club aportadas al Archivo CMTK: la entrada bajo la cúpula de bombillos, el salón principal, Paco Lorenzo en la cabina, Maritza Sayalero tras el Miss Venezuela y Willie Colón en la tarima.
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Cuéntanos y ayuda a mejorar este artículoFuente consultada el 9 de julio de 2026
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