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Merengue house: el merengue que Nueva York volvió techno

Proyecto Uno, Sandy & Papo y Fulanito: la escena dominicana-neoyorquina que ganó premios Billboard, una nominación al Grammy y millones de discos — sin relación con el tecno merengue venezolano, más allá del nombre parecido

Por Redacción CulturaMiniteka ·

A finales de los 80, en el Lower East Side de Manhattan, un grupo de músicos dominicano-americanos empezó a mezclar merengue con techno, house y hip-hop. El resultado —el merengue house, o merenhouse— llegó a los Billboard Latin Music Awards, al Grammy y al cine de Hollywood: una escena neoyorquina, distinta de la venezolana que por esos mismos años bautizó Roberto Antonio con un nombre parecido.

Los tres integrantes actuales de Proyecto Uno posando ante un fondo naranja: el fundador Nelson Zapata al centro con gafas de sol reflectantes, junto a Kid G y Paolo Tondo
Fotografía: Nelson Zapata, dominio público (CC0, Wikimedia Commons, 2022) — formación vigente del grupo, no una fotografía de época de los años 90.

Del Lower East Side al continente

Proyecto Uno nació en 1989 en el Lower East Side de Manhattan, fundado por Nelson Zapata y dirigido por Porfirio «Popi» Piña. El grupo —de raíz dominicana-estadounidense— fue pionero en mezclar el merengue con techno, dancehall, hip-hop y reggae: un estilo que la prensa y el público terminaron bautizando merengue house, o merenhouse.

Su tema «El Tiburón» (1993) se convirtió en un himno continental; en 2018, la revista Rolling Stone lo ubicó en el puesto 24 de las «50 canciones latinas más grandes e influyentes desde los años 50». La banda ganó Billboard Latin Music Awards en 1997 y 1998, sumó nominaciones y premios en los Lo Nuestro, fue nominada al Emmy por composición musical original en 1999, y en 1996 puso la canción oficial de la selección de Colombia rumbo al Mundial.

Un nombre parecido, dos escenas distintas

En inglés, el término se traduce a veces como «tecno merengue» — pero no hay que confundirlo con el género del mismo nombre que, sin ninguna relación con Nueva York, creaba por esos mismos años en Venezuela el productor Luis Alva junto al cantante Roberto Antonio. Son dos fusiones de merengue con sonido electrónico, nacidas en paralelo en dos países distintos, con artistas, discografía e industria propias.

Sandy & Papo: el dúo que se apagó en su mejor momento

De esa misma cantera salió Sandy & Papo, formado por Sandy Carriello («Sandy MC») y Luis Deschamps («MC Papo»), ambos dominicanos, tras una audición para Proyecto Uno que terminó convertida en dúo propio de la mano de Nelson Zapata y Pavel de Jesús. Entre 1995 y 1999 grabaron tres álbumes, incluida «Huelepega», tema que acompañó la promoción de la película venezolana homónima de 1999, y una versión de «El Mueve Mueve» («I Like to Move It»).

El 11 de julio de 1999, Luis Deschamps murió en un accidente automovilístico. Sandy MC continuó en solitario y en el año 2000 publicó «Homenaje a Papo» en su memoria. Años más tarde, otro de sus temas, «Candela», llegaría a una audiencia completamente nueva en la banda sonora de la película «Happy Feet» (2006).

Fulanito y la ola que no paró de crecer

Fulanito, formado en 1996 por Rafael «Dose» Vargas y Winston «Win» Rosa, sumó su propia mezcla de merengue con house, hip-hop y bachata. Su álbum debut, «El Hombre Más Famoso De La Tierra» (1997), vendió más de 500.000 copias y dejó el sencillo «Guallando», canción del año en Colombia en 1998. Su siguiente disco, «El Padrino» (1999), recibió una nominación al Grammy. En conjunto, Fulanito superó los cinco millones de discos vendidos en todo el mundo y llegó incluso a la banda sonora de la película «Shaft» (2000).

Del estadio a la pista de miniteca

Para cuando «El Tiburón» sonaba en la radio, Proyecto Uno ya llenaba estadios, ganaba premios Billboard y competía por un Emmy; Fulanito vendía millones de discos y llegaba al cine de Hollywood. El merengue house no necesitó de las minitecas para triunfar: triunfó en la radio, la televisión y los grandes escenarios del continente por mérito propio.

Pero, como todo éxito masivo de la radio en los 90, también terminó sonando en cada miniteca latinoamericana: el tempo alto, el bajo electrónico y el estribillo coreado hacían el mismo trabajo que el techno o el house que llegaba importado en esos años, pero cantado en español y bailado en pareja.

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